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Las armas de ayer PDF Imprimir E-Mail

Andrés Pascal

Para que no se enojen mis amigos Max Marambio, el autor, y Pablo Dittborn, el editor, y para evitar cualquier mala mirada de La Tercera – que es peligroso -, comenzaré recomendando la lectura de este entretenido libro, escrito en una prosa cinematográfica, que más que una biografía es un testimonio muy importante y de primera mano de una época dramática de nuestra patria.

Como corresponde a un buen relato dramático Max ha logrado expresar lo trascendente de la historia contando los hechos con sencillez y humor, regalándonos íntimos y humanos retratos de los actores con los que convivió esa historia: algunos muy conocidos y otros desconocidos. Como el autor es inteligente, ha sabido domar el ego que todos tenemos, limitando su experiencia personal a una suerte de coro univocal que da continuidad y sentido al relato trágico y permea de su particular mirada a los personajes, hechos y consideraciones políticas de las cuales “Las Armas de Ayer” hace memoria.

Es gratificante tener en nuestras manos un libro en que un empresario exitoso se arriesga a compartir con transparencia y dignidad sus experiencias de joven revolucionario. Contrasta con el grave alzhaimer político biográfico que aqueja a los altos funcionarios políticos y grandes empresarios que hicieron fortuna con la Dictadura Militar, y a los que han logrado lo mismo bajo la Concertación.

Dicho lo anterior, pasaré al comentario político del texto, poniéndome de inmediato la camiseta  rojo y negro. Supongo que para eso me han invitado….

ImagePuedo dar testimonio de que los hechos y antecedentes sobre el MIR entregados por Max Marambio en su libro son veraces, pero su mirada sesgada por su particular concepción política de entonces lo lleva a una caracterización incompleta y algo desfigurada del movimiento en que ambos participamos.

Max se integró al MIR a fines del 68 buscando un sostén social y político para la guerrilla que concebía como el foco de la revolución. Creo que esta concepción lo llevó a no dimensionar la importancia del trabajo que el grupo político al que se incorporó venía haciendo desde principios de la década del 60 entre los estudiantes, los trabajadores, y los pobres del campo y la ciudad, sectores de la sociedad que considerábamos los sujetos fundamentales del proceso de cambio revolucionario. El autor se equivoca cuando afirma que “la estética política del MIR había disparado su popularidad, y montada en la cresta de la ola de masas desatada por el triunfo de Allende la pequeña organización original creció a niveles insospechados” y señala los mismos sectores sociales antes indicados, agregando “incluso las niñas guapas del barrio alto”. Bueno, en esto último no se equivoca pues un movimiento revolucionario no será tal si no logra ganar las mujeres bonitas y combatientes. Aunque no desconozco la importancia que puede tener la estética en la política, la verdad es que el MIR  logró influencia en la descrita situación de movilización y radicalización de masas gracias a ese largo esfuerzo previo de enraizamiento y formación de liderazgo social y político popular.

El triunfo electoral de Allende abrió lo que caracterizamos como una “situación pre-revolucionaria”. Iniciado el proceso de reformas por el gobierno de la Unidad Popular – bastante radicales si las miramos desde el presente – no tardaron en delinearse tres opciones estratégicas:

a)      La que Max caracteriza en su libro como insurreccional de masas, que fue la opción del MIR: apoyarse en la movilización y organización de masas y ganar el apoyo de sectores de las fuerzas armadas para construir desde abajo un poder popular constituyente de una nueva institucionalidad democrática y revolucionaria que reemplazara la vieja institucionalidad política en crisis y defendiera el proceso de cambios de la amenaza golpista. Difiero de la apreciación del autor de que esta política llevó al MIR a constituirse en la oposición de izquierda a Allende. Por el contrario, nos llevó a  prestarle un apoyo crítico, con tensiones y contradicciones, pero siempre jugándonos por la defensa de su gobierno frente al golpismo, incluso con mayor compromiso que otros integrantes de la propia Unidad Popular.

b)      La segunda opción fue la conspirativa con que se identificaba Max y que apuntaba a utilizar desde el gobierno los instrumentos de poder institucional que éste tenía para descabezar el golpismo, estrategia que - como el libro que comentamos da testimonio - se hace inviable al ser descartada por Allende. Así las cosas, la propuesta de Max desemboca en la propuesta de concentrar los esfuerzos en una preparación secreta, al margen de la movilización social, para lo que vendría después del golpe.

c)      Finalmente, la opción institucional de Allende fue atrincherarse en la legitimidad institucional para negociar un pacto,  y luego un repliegue político, que la oposición golpista no aceptó.

Uno de los aspectos que más me conmovió del libro, son las tensiones que el propio autor vivió tironeado por un Allende que lo gana en su amistad y liderazgo, y de otro lado, por un Miguel, su amigo revolucionario, y ese MIR que Max define como “una comunidad ideológica y existencial”, la cual no puede abandonar del todo y que - a pesar de sus diferencias políticas - no deja de apoyar entregándoles las armas de la Embajada Cubana.

No hubo un  determinismo fatalista. Como en toda crisis histórica hubo una posibilidad de cambio por la que todos los actores de este relato nos la jugamos compartiendo, por sobre las diferencias (en realidad tácticas), valores  de democracia social, de hermandad, de igualdad, que si son estratégicos pues persisten y resurgen en los tiempos de los pueblos. Lo trágico del relato comentado está en que todos hicimos lo que creíamos correcto y necesario para abrir paso a la sociedad que soñábamos y no lo logramos.

Las tres opciones fracasaron. La reacción hundió al país en un baño de sangre y terror innecesario para terminar con el gobierno de Allende. La oligarquía, desde siempre dueña del poder en este angosto país, prefirió darle una lección inolvidable a los de abajo que le permitiera reconsolidar su dominación y hacer un ajuste de cuentas por arriba que le permitiera reestructurar su modelo de acumulación capitalista. ¡Ojo! esto lo han repetido con variaciones de guión – más o menos autoritarismo, más inclusión o más represión, más liberalismo o regulación estatal- cada 30 o 40 años a través de toda nuestra historia republicana.

La injusticia social y el descrédito de la clase política son los que ponen en crisis estos órdenes formalmente democráticos y esencialmente oligárquicos, provocando la emergencia de fuertes movimientos populares de cambio como está ocurriendo en la región latinoamericana. Y… ¡Ojo!...el mismo malestar comienza a sentirse también en Chile.

 
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