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Londres 38: casa de la memoria PDF Imprimir E-Mail

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Es jueves, son casi las 20 horas. Estamos en invierno y dicen que podría llover esta noche. Quiero contarles que me quedé en este barrio luego de que fui conducido hasta aquí hace ya más de 30 años. Fue a los pocos meses de la tragedia que vivimos, ustedes comprenden.

En realidad son muchos los que como yo llegaron acá por esos días. ¿Saben?  Yo no era de aquí, antes de que llegara a este barrio vivía en Ñuñoa. Bueno, pero no quiero hablar de mí en particular. Por el contrario mi intención es compartir con Uds. algo que me conmueve mucho. Al menos a mi me ocurre eso.

Lo concreto es que este barrio y particularmente ésta casa, siempre, desde que llegué como dije; hace más de 30 años, fueron objeto de mucha curiosidad por parte de transeúntes de todo tipo. Al principio, claro era menos, pero recuerdo los ojos de aquellos que pasaban y miraban la casa; que antes llevaba el número 38. Se notaba en ellos la emoción, el miedo, la incredulidad. Nosotros estábamos como recién llegados y comprendíamos perfectamente porqué sucedía aquello. ¡Como no hacerlo!

Con el tiempo llegaron a ésta casa unos individuos que dijeron eran militares en retiro y admiradores de Don Bernardo O’Higgins y que ocupaban el inmueble para poner de relieve su figura como padre de la patria. A mi modo de ver ¡puras huevadas!, y bueno,  se quedaron con la casa. Espero que hayan entendido que no ha sido esto lo que me ha conmovido a mí y los demás, sino lo que ahora les cuento.

Hace algunos años empecé a notar, y digo que me alegró profundamente, que hasta aquí y siempre en fechas muy significativas, llegó cada vez un mayor número de personas portando lienzos y pancartas, gritando consignas y entonando cánticos revolucionarios. Recordé mis tiempos en el campamento allá en Lo Hermida como militante y dirigente,  confieso que aquí  muchos lloramos. Entiendan que esto era motivo de fuertes emociones para nosotros.

Últimamente percibimos que definitivamente ésta casa, se está convirtiendo en lo que nosotros siempre anhelamos, (luego entenderán porqué) a pesar de la permanencia de estos viejos militares, entre los que reconozco a más de un torturador y asesino. Es que ya se ha convertido en  rutina esto de los días jueves como hoy, en que cada vez  más personas se hacen presentes aquí. Y miren, la mayoría son jóvenes. Se juntan cerca de “la casa” que hoy lleva el número 40. Algunos toman café aquí afuera de este restaurante del barrio. Otros solo conversan entre si mientras esperan.

De tanto en tanto más de alguno mira de reojo su reloj y  la casa. Han llegado hasta aquí me imagino, desde distintos puntos de la capital. Es probable que algunos los más afortunados, vengan directamente desde sus lugares de trabajo o de estudio. Para nosotros, habitantes y residentes de este barrio tan particular  de Santiago se ha convertido ya en algo habitual su presencia. Forman  parte  del paisaje urbano de los días jueves a esta hora.

Yo hace mucho rato que los observo. Es más, muchas veces he creído reconocer a más de algún compañero de mis tiempos del “GPM”; alguien de nosotros no recuerdo quien, en una ocasión se emocionó hasta las lágrimas porque creyó ver a su madre entre ellos, otro dijo que reconoció a su hermana. ¿Saben? Yo creo que aquí estamos todos locos. Sin embargo en algo estamos todos muy de acuerdo. Lo que hacen nos complace, es lo que nosotros haríamos si estuviésemos en su lugar.

Ahora cuando ya la hora ha avanzado un tanto, entre el ir y venir de peatones (entre ellos muchos turistas) y automóviles, comienzan a encenderse velas que aparecen mágicamente de entre las manos de estas personas; de pronto, alguien que comienza a batir palmas mientras corea ¡Justicia, Verdad, No a la Impunidad! Luego son decenas las voces que corean la consigna, en tanto que más de algún transeúnte decididamente curioso se detiene a observar, como yo.

Se levantan los que tomaban café y se suman a la manifestación. Otros recién  llegan y se encaminan directamente al frontis de esta casa donde ya algunos han desplegado un hermoso lienzo que dice LONDRES 38. CASA DE LA MEMORIA.

El grupo ha crecido y es más heterogéneo, ahora sus voces y discursos retumban en todo el espacio del  pequeño barrio. Yo que los he observado tanto, me sumo a ellos con alegría, lo propio hacen mis compañeros. Estamos de nuevo juntos, como siempre. ¡Ah! ellos son el COLECTIVO 119, y... mi nombre es Agustín Reyes González, fui detenido el 27 de Mayo de 1974. Mis compañeros me llaman Aníbal, era mi nombre político. Soy detenido desaparecido.

Juan Rojas Martínez

 

Con motivo de que hoy se cumplen 33 años desde la detención y posterior desaparición de Agustín Reyes González, el Aníbal o el "gato"  de Ñuñoa  como  cariñosamente algunos le llamaban, quiero compartir con Uds. si me lo permiten, este pequeño texto que escribí el año pasado y que fuera publicado en el Boletín de los ex pp. de la Coordinadora Santiago y que es el resultado de la experiencia de participar regularmente de las velatones que tienen lugar en lo que fuera un espacio de sufrimiento , terror y muerte .Pretende ser un sencillo homenaje al Aníbal y a todos nuestros compañeros detenidos desaparecidos desde ese recinto.

 Yo no sé realmente si Aníbal fue trasladado a la casa de Londres luego de ser detenido. Presumo que así pudo ser. El Aníbal apareció en el listado de 119 compañeras y compañeros que  publicaron los periódicos El Mercurio, La Tercera y otros diarios afines a la dictadura en el mes de Julio de 1975, cuyo objetivo no era otro que engañar a la opinión pública haciéndolos aparecer como muertos fuera de Chile, a contrapelo de la verdad que sus familiares y sus propios compañeros de cautiverio que sobrevivieron se encargarían de dar a conocer en heroicas jornadas de movilización, como lo fue la Huelga de Hambre de los prisioneros políticos del campo de concentración de Puchuncaví  inmediatamente de conocido el montaje. Hoy sabemos que la propia Dina denominó a esa operación de guerra sicológica "Colombo".

 

 
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