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El Campamento 26 de Enero fue, sin dudas un polémico referente del movimiento poblacional de Santiago durante 1970, ya que marcó la entrada en escena al conflicto urbano del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en la zona sur y oriente de Santiago.
La toma que dio origen al Campamento 26 de Enero, se realizó el día 22 de enero de 1970, cuando un grupo de 575 familias ocupó terrenos adyacentes a la Población La Bandera, a la altura del paradero 28 de Gran Avenida. El día 25 Carabineros desalojó a los pobladores, pero estos se reagruparon, y al día siguiente, no sin enfrentamiento con la policía lograron tomar posesión nuevamente de los terrenos antes ocupados: “... el asunto que se hizo una toma chicoca. El día domingo (25) se hizo una toma más grande y ahí el día lunes, o sea, el día domingo ya en la noche se unió la gente y se produjo el día 26 de enero. De allí su nombre, que fue el día del apaleo a los pobladores (...) Hicimos una directiva provisoria en la calle y nos seguimos moviendo Y ahí alojamos hasta que hicimos la nueva re-toma. En ese momento ahí apareció un grupo de hombres... que nos ayudaron a nosotros a orientarnos más y a conseguir que nos dieran un pedazo de terreno para poder levantar nuestras carpas. Y a ellos les agradecemos nosotros... Víctor Toro que fue el primer hombre que se hizo presente; Hugo Medina y la Pelusa; el Potoco que fue asesinado por la dictadura... y Gary y así otros más(1) El Campamento 26 de Enero alcanzó rápida notoriedad pública tanto por sus métodos de acción, más de presión que de negociación con las autoridades; la organización de “milicias populares”, que dieron lugar a todo tipo de debate; y, la realización de un “Congreso Provincial de Pobladores” días 28 y 29 de marzo de 1970, en que en cierto modo debutó un discurso revolucionario entre los pobladores asociado al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR. Con relación a los métodos de acción de los dirigentes del Campamento 26 de Enero, Víctor Toro que se transformó en este tiempo en un reconocido líder poblacional, insistió muchas veces que el único camino para resolver los problemas de los pobladores era la movilización, frente a la tramitación burocrática de que eran víctimas Insistiendo en esta línea, en relación a los eventuales apoyos parlamentarios, en una postura más radical y desconfiada, declaró en una ocasión que éstos los habían visitado en el Campamento, pero que más que “visitadoras sociales”, ellos necesitaban “soluciones”.(2) No se trataba, sin embargo sólo de la emergencia de un discurso más radical en función de la movilización, sino que de acciones encaminadas a resolver en corto plazo los problemas de los pobladores. De este modo, cuando se iniciaban las conversaciones con CORHABIT, en los primeros días de febrero, se organizó muy de madrugada -a eso de las cuatro de la mañana- una marcha en dirección a las Oficinas de la CORVI, que sólo fue interceptada por Carabineros en la esquina de las calles Arturo Prat con Arauco en el barrio de Franklin.(3) Más decidida fue la acción encaminada a conseguir la instalación de un Policlínico en la Población La Bandera, el domingo 10 de mayo de 1970, en que se produjeron violentos enfrentamientos entre Carabineros y pobladores. Según el periodista Augusto Olivares, que fue testigo presencial de los hechos estos se produjeron a propósito de que CORHABIT construyó, en breve plazo, un galpón que los pobladores suponían se destinaría para la instalación de un policlínico que venían demandando con anterioridad al gobierno. Una vez que el local estuvo terminado, se les comunicó que se construiría allí un retén de carabineros, lo que provocó la toma del mencionado galpón por parte de los pobladores y el desalojo, por parte de Carabineros, la noche del 10 de mayo. En la acción desalojo, la policía recurrió al uso de bombas lacrimógenas, pero también de armas de fuego. Tres de los heridos que fueron trasladados hasta el Hospital El Peral y luego detenidos e incomunicados por Carabineros. Finalmente, pocos días antes de las elecciones de septiembre, cientos de pobladores, ya no sólo del Campamento 26 de Enero, sino de otros campamentos que respondían a las orientaciones del MIR, apoyados por estudiantes universitarios, se tomaron una torre de la Remodelación San Borja, con el objeto de presionar al gobierno para que solucionara sus problemas de vivienda.(4) Y, en una declaración pública indicaron que el plan habitacional del gobierno favorecía a los más ricos y postergaba a los sin casa: “Gasta fabulosas sumas de dinero en lujosos edificios de departamentos para unos pocos que pueden pagar su altísimo costo, y en cambio construye escasas y malas viviendas para las miles de familias que no tenemos donde vivir”.(5) Frente a la toma de la torre de San Borja, el Mercurio, por su parte editorializó: “Nadie habría sospechado que los pobladores marcharían sobre un edificio cuyos departamentos están en venta con gran publicidad y procedería a ocuparlo al son de gritos y lemas guerrilleros. La acción directa ha comenzado. Ella tiene la particularidad de extenderse con rapidez a medida que diversos núcleos comprueban la eficacia con que cede los mecanismos legales, las resistencias tradicionales y aún los criterios del público...”(6) Sin embargo, más allá de las acciones brevemente descritas, otros hechos, habían puesto en la mira del gobierno y la policía, tanto civil corno uniformada, al Campamento 26 de Enero. Entre estos hechos, estaba en curso una investigación que llevaba adelante la Justicia en relación a “expropiaciones de bancos” realizadas por grupos del MIR; También se había hecho una profusa difusión en la prensa en torno a un Congreso Provincia de Pobladores, realizado en la “26 de Enero” a fines de marzo de 1970, que promovía la formación de “milicias populares”. En electo, luego de que en primeros meses de 1970, la opinión pública fuera sorprendida por estudiados asaltos a algunas sedes bancarias, se supo de la donación de “5 millones escudos” (aproximadamente $ 287.685.000 en moneda Dic. 98) que un supuesto dirigente de un inexistente sindicato hizo llegar al Campamento 26 de Enero, provenía justamente de uno de estos asaltos.(7) Ello creó una confusa situación en torno al dirigente Víctor Toro, el que declaró a la prensa que no se presentaría a la Justicia, momento a partir del cual el Campamento fue rodeado por detectives en punto fijo y circundado permanentemente por furgones de Carabineros y detectives.(8) Toro no cedía, permaneciendo en el Campamento, sin embargo, el día 17 de marzo, fue secuestrado por un grupo no identificado y sólo apareció en las inmediaciones del Regimiento Buin, visiblemente maltratado, el día 18.(9) El Congreso Provincial de Pobladores, organizado por el Campamento 26 de Enero, se realizó los días 28 y 29 de marzo de 1970 en un galpón especialmente habilitado para el evento. Asistieron representantes de otros siete campamentos de Santiago, de 32 comités de Sin Casa de Santiago, Puerto Montt, Talcahuano y Concepción, así como estudiantes universitarios y dirigentes sociales y políticos, entre los que destacó la presencia de Clotario Blest, ex-presidente de la CUT y de Sergio Ruz, miembro del Comité Central de la Juventud Socialista.[10] Al inaugurar el Congreso, Víctor Toro expreso “Los pobladores del "26 de Enero" hemos adquirido una experiencia en la lucha. Sabemos que en otros sectores también ello ha sucedido. Creemos que la discusión honesta de distintos puntos de vista, de distintas experiencias en formas de organización, de distintas concepciones generales, hará surgir una rica síntesis que será la base estratégica y la fundamentación práctica de un combativo frente de clase”.(11) Este “frente de clase”, a juicio de Toro, debería asumir un papel histórico, “consciente de la incapacidad absoluta del actual sistema de injustas diferencias sociales para solucionar integralmente sus problemas”. Y agregó, “este frente... deberá responder a los verdaderos intereses de clase de los trabajadores, esto es la transformación revolucionaria de la estructura socio-económica vigente”. El discurso inaugural de Víctor Toro al Congreso de Pobladores era evidentemente el “discurso de la revolución”, del cambio revolucionario socialista, que entraba en polémica con el discurso de la "vía chilena al socialismo", que proclamaría la Unidad Popular, y en especial, el Partido Comunista chileno. Esta era, sin dudas, una de las principales “novedades” que incorporaba el discurso mirista a la sociedad chilena de fines de los sesenta, que por cierto se alejaba de la tradición más bien reivindicativa y de negociación institucional, que el Partido Comunista promovía entre los pobladores. Espinoza sostiene que en términos de contenidos, el aspecto más relevante de este Congreso fue “la afirmación de la lucha armada como única alternativa para Chile” y que, en este contexto, la lucha de los sin casa “quedaba integrada y hasta subordinada ese objetivo”.(12)No cabe duda, que este era un objetivo proclamado, en diversas declaraciones por Víctor Toro y los dirigentes del MIR, pero, desde el punto de vista de los pobladores, lo más relevante parece ser la vinculación que comenzaba a establecerse entre las acciones de los sin casa y el discurso radical revolucionario. En efecto, más allá de las proclamas revolucionarias, al menos dos procesos relevantes estaban en juego en la coyuntura del año 1970. Por una parte, el incremento de las movilizaciones, respecto de la cual las proposiciones del Congreso Provincial de Pobladores ganaron terreno velozmente, al punto que en el mes de julio de 1970, se constituyeron otros cuatro campamentos que respondían a las orientaciones del MIR o que compartían algunas de sus proposiciones, (13)y por otra porte el “discurso revolucionario” establecía no sólo relación con “el cambio de la sociedad”, sino que también con significativos cambios en las formas de organización de los “campamentos”. “Los pobladores -indicó Toro en el Congreso Provincial de Pobladores- conocen perfectamente la existencia de muchos problemas dentro de los campamentos y poblaciones. El alcoholismo, causante de crímenes de todo tipo, los juegos de azar con sus vicios, en algunos casos la prostitución, etc., constituyen una constante amenaza para la clase obrera. En los grupos humanos marginados de la educación y la cultura, explotados por los capitalistas, sumidos en la miseria y la desesperación del hambre, es fácil entender la existencia de tales problemas. Sin embargo, no por ello podemos justificarlos y permanecer pasivos a ellos. Estamos luchando por formar una sociedad socialista para hombres también socialistas, es decir, para hombres nuevos en el sentido total de la palabra. Esta labor ya ha comenzado, y con ella debemos prestar suma atención a la rectificación de todos los errores. Dentro de los campamentos y poblaciones, las asambleas generales de pobladores deberán aprobar códigos de justicia, fijando normas con sus correspondientes sanciones, que las milicias populares se encargarán de hacer cumplir fielmente”.(14) En efecto, uno de los temas más polémicos del campamento 26 de Enero, fue el de las “milicias populares”. Según Espinoza ellas surgieron de la práctica de las “guardias de vigilancia” que hemos visto se formaban habitualmente en las tomas de sitios, sin embargo en el caso del Campamento 26 de Enero, esta práctica se vio especialmente estimulada por la situación creada en torno a Víctor Toro, de un mayor control policial sobre el campamento y la amenaza de un eventual desalojo. Las “milicias populares” tuvieron un doble desarrollo: el discursivo que proporcionó la Revista Punto Final en su edición del 14 de abril de 1970(15)y su materialización práctica que tendió a desenvolverse en el desarrollo organizacional de los campamentos, en la aplicación de normas y sanciones a los pobladores en los propios campamentos. En relación a este último problema, un acucioso reglamento se elaboró en la “26 de Enero” que establecía sanciones desde la amonestación personal y en asamblea hasta la expulsión del campamento a aquellos que cometieras delitos tales como “peleas entre pobladores o cónyuges”, “llegar borracho al campamento”, “intentar introducir bebidas alcohólicas”, “realizar juegos de azar” o “robos entre los pobladores”.(16) De todos modos, es evidente que se estaba asistiendo a la emergencia de un nuevo discurso entre los pobladores, en el que es posible reconocer elementos de continuidad con el discurso más tradicional de la Izquierda política y elementos nuevos, que cuestionaban esa tradición. Los elementos de continuidad se pueden reconocer en la crítica que formulaban los dirigentes poblacionales del MIR a las políticas habitacionales del Estado, en el sentido que estas favorecerían más a las empresas constructoras y a las clases medias que a los sin casa(17), mientras que los elementos de ruptura tienen que ver, como ya hemos visto, básicamente con las vinculaciones que este nuevo discurso buscaba establecer entre las luchas por la vivienda y la revolución social.(18) Este discurso y las prácticas promovidas por los “sin casa”, vinculados al MIR, provocó importantes movilizaciones sociales y las más encontradas reacciones durante el primer semestre de 1970. El Diario Ilustrado vio en el campamento 26 de Enero y la actividad del MIR, una amenaza explícita a la legalidad vigente y acusaba al gobierno de debilidad para ejercer la autoridad,(19)el Diario El Siglo acusó a este movimiento de divisionismo y oportunismo. (20)Finalmente, la Revista Mensaje, durante el mes de octubre de 1970, comentó con interés algunas de las nuevas formas de organización que comenzaban a ensayarse en los campamentos, que respondían a las orientaciones miristas. (21) El período de gobierno demócratacristiano culminaba con el más significativo movimiento social de pobladores, que había tenido sus orígenes en la deteriorada situación de los pobres de la ciudad, que ensayaron sus primeras estrategias de ocupación de sitios en octubre de 1957, cuando nació el Campamento de la Victoria. En septiembre de 1970, la ciudad estaba en completa transformación, a instancia de "los campamentos" que como indicó Santa María, eran "la fuerza social más influyente" en la comunidad urbana del Gran Santiago. Las políticas sociales y de vivienda del Estado, bajo la administración democratacristiana ciertamente abrieron el cauce al movimiento a mediados de los sesenta; la nueva administración que debía tomar la dirección del Estado en noviembre de 1970, tendría por delante la tarea de atender las expandidas demandas y dialogar con las también expandidas capacidades organizativas de los poblador (1) Toledo, María Isabel “La historia la construimos nosotros los pobladores”, en: Cal y Canto Nº 12, ECO, Sgto. , dic. 1992. p.42. (3)“De una callampa a otra fueron los sin casa de la toma 23 de enero”. El Clarín, 11 de febrero de 1970, (5) Toledo, María Isabel “La historia la construimos nosotros los pobladores”, en: Cal y Canto Nº 12, ECO, Sgto. , dic. 1992. p.42. (6)El Mercurio, editorial, citado en: “Sin casa doblan la mano al gobierno” en: Punto Final, Nº 112, 01 de septiembre de 1970. p.6 y ss. (7) El día 2 de marzo, el Diario El Clarín aclaró la situación indicando que efectivamente ese diario recibió una donación de cinco millones de escudos para ser entregados a nombre del Sindicato “Madeco” a los pobladores del Campamento 26 de Enero. Sin embargo, en carta enviada posteriormente por el propio MIR, se les indicó que tales dineros correspondían a “parte del dinero expropiado por el Comando Rigoberto Zamora del MIR, al Banco Nacional del Trabajo”. El Clarín, 2 de marzo de 1970. p.3. (15) En el mencionado Suplemento de la Revista Punto Final, se conceptualiza a las milicias como los futuros cuerpos armados de pobladores, obreros y campesinos, que junto a las organizaciones revolucionarias enfrentarán al aparato militar del Estado capitalista. En otra parte, más cercana a la realidad de los campamentos poblacionales, se señala, que se trata de una organización para repeler al Grupo Móvil de Carabineros, para el orden interno, para realizar tareas de sanidad y alimentación, para orientar a los jóvenes que de otro modo estarían ociosos. En: Espinoza, “Para una historia...” op. cit. p.308 y 309. (16) Espinoza, op. cit., p.311. (17) Declaraciones formuladas a propósito de la toma de una torre de la remodelación San Borja. Revista Punto Final Nº 112, 1 de septiembre de 1970, p.6 y ss. (18)En entrevista realizada por Punto Final en septiembre de 1970, una pobladora declaraba en esta dirección: “Sabemos que a través de estas luchas podemos llegar a estar preparados para hacer la revolución y crear la sociedad socialista con el hombre nuevo de que hablaba el Che”. Punto Final Nº 112, 1 de septiembre de 1970, p.7. (19) “El caso de la 26 de Enero”. El Diario Ilustrado, 30 de abril de 1970, p.3. Con anterioridad, el Diario Ilustrado dedicó varios artículos y editoriales al Campamento 26 de Enero. Entre otros: “Violencia en acción”, del 9 de abril de 1970; “Realidad de las Milicias Populares”, 16 de abril de 1970; “Composición de la violencia”, del 22 de abril de 1970. (20) Según informa este periódico, dirigentes poblacionales afines al PC declararon que la realización del Congreso Provincial del Campamento 26 de Enero era “divisionista ya que se pasó por sobre el Comité Provincial de Sin Casa...”. El Siglo, 29 de marzo de 1970, p.7. |